Buscar «edificio inteligente» en Internet ofrece resultados muy diferentes. Hay quien lo relaciona con la domótica, donde la iluminación, la climatización o la calefacción se controlan a distancia. Otros lo asocian a la seguridad, gracias a cámaras conectadas y sistemas de acceso digitales que sustituyen las llaves tradicionales. También hay quien piensa en la eficiencia energética, mediante sensores capaces de monitorizar el consumo y reducir el desperdicio de recursos en tiempo real.

Todas estas definiciones son correctas, pero incompletas. Un edificio inteligente engloba muchos más aspectos que la simple automatización de instalaciones. La inteligencia de un edificio residencial también implica optimizar la gestión de los espacios comunes y mejorar la experiencia diaria de quienes viven en él.

Por ello, merece la pena analizar qué significa realmente hablar de un smart building residencial.

Las diferentes dimensiones de un edificio inteligente

Desde un punto de vista técnico, un edificio inteligente integra tecnologías digitales capaces de recopilar información y automatizar procesos que antes requerían intervención humana.

Esto incluye soluciones de building automation, como sistemas de climatización inteligentes, sensores de presencia o plataformas de gestión energética que optimizan el consumo según la ocupación del edificio.

También abarca la seguridad, mediante videovigilancia conectada, control de accesos a través de aplicaciones móviles, códigos QR o credenciales digitales.

Además, la comunicación entre el administrador de la finca y los residentes evoluciona hacia plataformas digitales que sustituyen los tradicionales tablones de anuncios y facilitan la gestión de incidencias, avisos y documentación.

Existe, sin embargo, un aspecto mucho menos conocido, aunque cada vez más importante: la gestión física de todo aquello que entra y sale del edificio cada día. Entre todos esos elementos, los paquetes son, probablemente, el flujo más frecuente y uno de los menos optimizados.

La visión de WIB: un edificio inteligente empieza por la gestión de paquetes

Para WIB, un edificio inteligente comienza resolviendo un problema cotidiano: ¿qué ocurre cuando llega un paquete y el destinatario no está en casa?

Es una situación que se repite miles de veces al día en edificios residenciales de toda Europa y que genera ineficiencias para todas las partes implicadas. El transportista debe volver a intentarlo o dejar un aviso, el residente tiene que desplazarse para recoger el paquete y, cuando existe conserjería, esta termina asumiendo una tarea logística que no forma parte de sus funciones.

Incorporar un smart locker para la gestión de paquetes permite resolver este problema sin necesidad de transformar completamente el edificio.

El locker recibe la entrega en nombre del residente, genera automáticamente una notificación y permite recoger el paquete en cualquier momento mediante un código o un código QR, de forma totalmente autónoma y sin intermediarios.

No es casualidad que cada vez más administradores de fincas, gestores inmobiliarios y promotores residenciales consideren los smart lockers como el primer paso hacia un verdadero edificio inteligente, incluso antes de acometer proyectos más complejos relacionados con la automatización o la eficiencia energética.

Se trata de una inversión contenida, con un retorno fácilmente medible y cuyo beneficio es percibido de inmediato por los residentes, mejorando tanto la comodidad como la calidad del servicio ofrecido por la comunidad.